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sábado, 8 de noviembre de 2014

Doña Mariola, de Antonio Ballesteros

Inspirado en Penélope, la canción de Serrat  (recreación, a su vez, del mito griego), guardo un especial cariño hacia este cuento porque fue el primero que me premiaron, en el Ayuntamiento de Villacañas (Toledo), muy cerca del corazón de La Mancha quijotesca.
Llevaba muy pocos meses escribiendo y quería “probarme”.
De aquella ocasión recuerdo sin demasiado sonrojo que, al recibir el galardón, tuve el atrevimiento de felicitar al jurado por el buen gusto que demostraba al premiarme. No se lo tomaron mal.
Más tarde, los miembros del jurado me aseguraron que todos ellos pensaban, antes de abrir las plicas, que el cuento lo había escrito una mujer.

Y una de las componentes del mismo me dedicó uno de los más lindos piropos que se le pueden decir a un escritor: resulta que una mañana leía los cuentos que se habían presentado al concurso, sin descuidar, entre lectura y lectura, los quehaceres de la casa. Cuando llegó el turno del mío lo leyó por primera vez y, según me dijo, le emocionó tanto que no pudo sino comenzar a leerlo de nuevo… hasta que sus ojos enrojecieron.

Pero no por las lágrimas que mi relato le provocaban sino porque, absorta en la relectura, olvidó que había dejado en el fuego una sartén con aceite… y el humo comenzaba a invadir la casa.

Tuvo que repintar toda la cocina, pero me aseguró que le valió la pena.
No sé si será para tanto, pero antes de leerlo, por favor, asegúrense de que no dejaron nada encendido en la cocina. No quiero tener remordimientos a costa de lo que escribo.
Que lo disfruten.


Doña Mariola, de Antonio Ballesteros
Muy pocos sabrán de doña Mariola, pero cuando yo era niño su caso fue muy comentado. En todo Toledo. La llevé a la estación de tren hace un par de semanas. Me esperaba a la puerta de su casa, frente al Taller del Moro, y en cuanto divisó mi taxi su liviana figura se puso en movimiento.

Caminaba con dificultad y a pasos cortos, como si temiera resbalar.

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