Enrique, de quien ya publicamos Chocolate, nos dio la alegría de ser el ganador de la 56ª edición del concurso CAM de Cuentos Gabriel Miró (aunque seguro que más contento se puso él con los 12.000 euros del premio).
En Barrer la carretera retrata con penetrante claridad a mujeres y familias de otra época, no tanto por los años que nos separan de ellas sino por su mentalidad.
Una época en la que el "Gran Hermano" no estaba en las redes sociales, como ahora, sino en el "qué dirán", esa formidable herramienta de represión que tanta infelicidad esparció entre millones de seres.
En su blog literario (anclado desde el principio en el nuestro) podemos seguir su trayectoria y comprobar que cada poco aumenta su colección de prestigiosos galardones.
Y en este otro podemos disfrutar de su faceta artística complementaria, la de pintor.
Disfruten de esta pequeña joyita.
Barrer la carretera, de Enrique Galindo
Barre la carretera. Siempre la barrió desde que la C-321 pasó por delante de su puerta, incluso antes de ser la casa de su propiedad, cuando era dominio de su padre y en la cual estaban incluidos su madre y ella misma desde que nació. No se conforma con la costumbre adquirida, como una necesidad urgente del aliento, de barrer la casa. Ni siquiera con acudir día a día, a las ocho de la mañana ―el ritual marca la vida―, con el tiempo que caiga, a su cita con quitar el polvo acumulado en la acera y continuar después, siempre en ese orden, con el asfalto de la calzada.
Blog del Taller de Escritura de Antonio Ballesteros en el que comparto relatos de los que guardo un grato recuerdo. Las entradas del blog (cuya propiedad intelectual pertenece a sus autores) se pueden imprimir pulsando el icono verde de impresora que aparece al final de cada una. gabatoluy@gmail.com // facebook: Antonio Ballesteros
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lunes, 31 de octubre de 2016
lunes, 19 de septiembre de 2016
Carta a Sancho Panza, de Carmen Hernández Montalbán
Fue mi amiga Soledad Jacobe quien un día insistió para que fuéramos a Guadix (Granada) a visitar a unas hermanas escritoras a quienes quería (y quiere) mucho.
Por eso (una de las tantas cosas que tengo que agradecer a Sole), conocí Guadix y a Carmen, que hoy nos regala este breve relato en el que da voz a un atribulado Don Quijote.
Carta a Sancho Panza, de Carmen Hernández Montalbán
Amigo Sancho, no sé cómo habrá de llegar esta carta a tu poder, pues me figuro que ni con calzas de muchas leguas se pueda salvar tanta distancia y, en caso que ésta te llegara, sería menester, acaso, el concurso del Licenciado Pérez, quien pudiera desentrañar su sentido sin que a tus entendederas estas letras se le antojen un ejército de hormigas.
miércoles, 13 de enero de 2016
Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut
Ojalá ninguna sociedad futura se parezca a la que plantea
Vonnegut en este inquietante (además de distópico y satírico) relato, aunque si encendemos un poco cualquier
canal de televisión pareciera que vamos camino de ello.
Kurt
Vonnegut (1922 - 2007), autor de Las sirenas de
Titán, fue un escritor estadounidense con un apreciable sentido del humor,
a pesar de que su dramática experiencia como prisionero de los nazis en la IIª
Guerra Mundial seguramente marcó el tono un tanto pesimista de su obra.
Harrison Bergeron plantea una sociedad igualitaria por ley que eleva a
prototipo la mediocridad. Ya Heródoto, en Las
historias, Libro 5, 92-f, plantea algo similar para conseguir un gobierno “placido”:
Periandro había enviado un heraldo a Trasíbulo de Mileto y
le consultó de qué forma podía él gobernar mejor y de forma más segura su
ciudad. Trasíbulo condujo al hombre enviado por Periandro fuera de la ciudad, y
lo llevó a un campo sembrado. Mientras caminaba entre el trigo, preguntando
constantemente por qué el mensajero había ido a verlo a él desde Cípselo, iba
cortando los brotes más altos de trigo que veía a su paso, y los arrojaba al
camino, hasta que hubo destruido la mejor y más rica parte de su sembrado.
Luego, regresó a su morada y sin una palabra de consejo, despidió al heraldo.
Cuando el heraldo regresó a Cípselo, Periandro estaba
ansioso por escuchar el consejo que había traído el heraldo, pero el hombre le
explicó que Trasibulo no le había dado ninguno. El heraldo agregó que en
realidad lo había enviado a ver a un hombre muy extraño, un loco que destruía
sus posesiones, y le contó a Periandro lo que le había visto hacer a Trasíbulo.
Sin embargo, Periandro comprendió lo acontecido e interpretó que Trasíbulo le
había aconsejado eliminar a aquellos ciudadanos que tenían habilidades o influencias
fuera de lo común. Por ello comenzó a tratar a sus ciudadanos de una forma
desconsiderada y malvada.
Como ven, no hay nada nuevo bajo el sol, el “panem et
circenses” tiene muchas variantes.
Que disfruten el relato y mucho cuidado si dentro de su cabeza escuchan ruiditos sospechosos.
Harrison
Bergeron, de Kurt Vonnegut
En el año 2081 todos los hombres eran al fin iguales. No
sólo iguales ante Dios y ante la ley, sino iguales en todos los sentidos. Nadie
era más listo que ningún otro; nadie era más hermoso que ningún otro; nadie era
más fuerte o más rápido que ningún otro. Toda esta igualdad era debida a las
enmiendas 211, 212 y 213 de la Constitución, y a la incesante vigilancia de los
agentes de la Directora General de Impedidos de los Estados Unidos.
Etiquetas:
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domingo, 10 de enero de 2016
El solipsista, de Fredric Brown
Encontré este brevísimo cuento de Fredric Brown (1906-1972) buscando predicciones a muy largo plazo de la ciencia ficción, para uno de los proyectos que pretendo llevar a cabo en este 2016.
Y me encantó por su sencillez.
Brown fue un buscavidas que, para vivir de la escritura, hizo casi de todo: cuentos de misterio, policíacos, ciencia ficción, corrección de textos, series de detectives...
Bienvenido sea, disfruten de este solipsista pero no se confíen, quizá solo gracias a él están ustedes leyendo con tanta tranquilidad...
El solipsista, de Fredric Brown
Walter
B. Jehovah, por cuyo nombre no pido excusas puesto que realmente fue su nombre,
fue un solipsista toda la vida. Un solipsista, en el caso de que no conozcas la
palabra, es alguien que cree que él es la única cosa que existe realmente, que
el resto de la gente y el universo en general existe solo en su imaginación, y
que si él dejara de imaginarlos su existencia acabaría.lunes, 10 de septiembre de 2012
Cuatro años entre rejas, de Antonio Ballesteros
Escribí el relato Cuatro años entre rejas cuando me invitaron a una tertulia literaria en el Liceo departamental de Artigas, expresamente para la ocasión y pensando que los destinatarios serían estudiantes de edad adolescente. Me decidí a grabarlo con voces de la tierra, ya que los protagonistas son naturales de la frontera y, si lo leía yo, nunca conseguiría el realismo que ellos.
Sin embargo, cuando me presenté en el liceo, con la grabación guardadita en mi pen-drive, constaté que no había ni un solo alumno.
Cosas que se aprenden. Con todo, mereció la pena porque algunos docentes ya utilizan el relato en sus clases.
En definitiva, se grabó en la Usina Cultural de Artigas y lo podés escuchar mediante este enlace:
http://dl.dropbox.com/u/85378033/antonioballesteroscuatroa%C3%B1osentrerejas.mp3
Sin embargo, cuando me presenté en el liceo, con la grabación guardadita en mi pen-drive, constaté que no había ni un solo alumno.
Cosas que se aprenden. Con todo, mereció la pena porque algunos docentes ya utilizan el relato en sus clases.
En definitiva, se grabó en la Usina Cultural de Artigas y lo podés escuchar mediante este enlace:
http://dl.dropbox.com/u/85378033/antonioballesteroscuatroa%C3%B1osentrerejas.mp3
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