¿La dejará finalmente o no?
No está claro si Dejar a Matilde habla de amor o de desamor.
Alberto Moravia (1907 - 1990), autor de Los indiferentes y La romana, fue un apreciable cuentista de sobrio pero muy cuidado estilo.
Procedente de una familia burguesa, critica con frecuencia la hipocresía y el miope y hedonista acomodamiento de la sociedad que le tocó vivir.
Sus personajes masculinos están llenos de hastíos, inseguridades y dudas, lo que resalta la personalidad de los femeninos; un ejemplo es la frase con la que el protagonista y narrador cierra el presente relato:
"Corrió hacia arriba y yo me quedé como un bobo, mirándola alejarse".
Aunque sus féminas tampoco pretendan escapar de la mediocridad, al menos demuestran mucha más capacidad para adaptarse a su medio.
Las pinturas que ilustran el relato son del espléndido pintor catalán Josep de Togores i Llach (1893 - 1970), que no solo compartió con Moravia época y mar, sino una particular afición por retratar la sociedad burguesa. Les animo a conocerle en los enlaces que se adjuntan tras el relato.
Un amigo mío camionero ha escrito en el cristal del parabrisas: “Mujeres y motores, alegrías y dolores”. No digo yo que no tenga sus buenas razones para decir que los dolores y las alegrías que le procuran las mujeres tengan más o menos el mismo peso en la balanza de su vida. Digo que, al menos por lo que se refiere a Matilde y a mí, esa balanza andaba muy desequilibrada: por un lado, muy alto, el platillo de las alegrías; por el otro, muy bajo, el platazo de los dolores. De modo que, al final, tras un año de noviazgo de puras peleas, incumplimientos de palabra, bribonadas y traiciones, decidí dejarla a la primera oportunidad.
